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Documentales

Se quejan en televisión de que la gente no ve los documentales, pero es que hay documentales y documentales. Yo acabo de ver uno sobre el Valle del Pas en la dos, que era una maravilla. Pasa como con todo: antes había cuatro personas especializadas en este trabajo que lo hacía con sabiduría y pundonor, pero ahora salen documentales como churros para llenar tiempo, especialmente en las cadenas especializadas. Los hay del tipo morboso, que no se pueden ver con niños, o del tipo insustancial.
Entonces sucede esto por ejemplo. Reportaje para estudiar al mono fulanito que vive en las selvas intrincadas y no ha sido filmado nunca antes:
Primer día: Montaje del campamento. Los monos necesitan tiempo para coger confianza y acercarse. Resumen del día.
Segundo día: Seguimos sin ver al mono Fulanito, pero hay otros monos muy monos. Resumen de dos días.
Tercer día: Charla intrascendente. Observación de animales comunes. Resumen de los días anteriores.
Cuarto día: Estudio de los hábitos de las hormigas locales. Pequeñas discusiones. Resumen.
Quinto día: Mudanza del campamento base. Resumen.
Sexto día: Despedida y felicitaciones. Resumen final.
Lo peor del caso es que todo el tiempo intentan convencerte de lo fructífera que ha sido la expedición, del éxito conseguido y de lo bien que se lo han pasado en su convivencia diaria. Naturalmente, ellos están encantados: van a cobrar igual, con o sin mono fulanito. Me recuerda a ciertos políticos...
Por suerte, todavía quedan documentales de los de verdad. Cuesta encontrarlos, pero os los recomiendo.
Pd. Enigmática. Ya he habilitado los comentarios. Yo no puedo comentar en blogger, porque no tengo cuenta. Un saludo.
Apartamento de verano
Cuando voy a la playa, suelo pensar en lo absurdos que son los grandes edificios de apartamentos que cubren el litoral. Mientras muchos jóvenes no pueden comprarse un piso donde vivir, toda la costa española está llena de viviendas que se quedan vacías la mayor parte del año. Para construirlas, se han arrasados bosques y zonas naturales que ahora se considerarían reserva, pero entonces eran tierra de nadie. Comprendo que, para que exista turismo, son necesarios los alojamientos, pero alguien tendría que haber puesto unos límites razonables. Por ejemplo: número de personas por metro cuadrado de playa, número de vehículos que puede absorver la carretera (y la solución no es construir más carreteras).
La Galicia que yo conocí hace treinta años ya no existe. Entonces, las mujeres caminaban por los caminos con los cestos en la cabeza. Ahora, será más próspera, sin duda, pero ha perdido el encanto de las playas desiertas donde cogíamos cangrejos grandes entre las rocas. Esas playas que ahora rebosan de gente como el Mediterráneo. Incluso Benidorm, hasta hace no mucho tiempo, tenía todavía un tamaño razonable en proporción a la capacidad de sus playas. Tenía también kilómetros cuadrados de bosque mediterráneo, que atraían a los turistas europeos. Al eliminar esos bosques, no se dan cuenta de que han matado a la gallina de los huevos de oro.
El precio es importante a la hora de ir de vacaciones pero, pudiendo elegir, los turistas de más nivel económico abandonan los lugares masificados. Habría que ver los intereses que se esconden detrás de tanta especulación inmobiliaria y quiénes se han hecho ricos con negocios más o menos legales, pero inmorales. Torrevieja es otro ejemplo de crecimiento desmedido y, sin embargo, muy cerca, en Guardamar del Segura, han sabido conservar la tranquilidad de un pueblo, lo que demuestra que el progreso no tiene que estar reñido con el sentido común. En Asturias, sin embargo, ocurre un poco lo contrario: que el turismo, lejos de promoverse, más bien se ha ignorado hasta ahora. Así que el paso del tiempo apenas si se nota en algunos lugares ni para bien ni para mal.
Como el tema tiene ya poca solución, espero que al menos la crisis sirva para evitar que continúen invadiendo los litorales. Así se podrá decir que de algo malo sale algo bueno.
Superagente 86

Yo veía la serie en su día y la película conserva el espíritu de los personajes. Es entretenida, imprevisible y divertida, pero además tiene otros valores. El protagonista, 86, resulta ser un empleado corriente que destaca mucho en un trabajo anodino, pero importante, cuyo sueño siempre ha sido llegar a ser agente secreto. La chica, 99, es una mujer que se ha endurecido por las circunstancias y ya no confía en nadie. El jefe resulta ser un simpático anciano al que no toman en serio porque creen que ya ha perdido sus facultades. Los compañeros agentes se sienten superiores a los empleados de oficina a los que ridiculizan un poco.
Sin embargo, durante la acción se descubre que las cosas no son exactamente como parecen: ni los duros lo son tanto, ni los patosos, ni los que parecen inútiles. Incluso los malos llegan a caer simpáticos, especialmente uno que muestra su lado sentimental, y los buenos tampoco son tan buenos. No quiero destrozaros la película, porque vale la pena ir a verla. Tiene unos toques morbosos, con un punto de sadismo, que no son muy apropiados para una película familiar. Tiene algunas referencias sexuales que, desde luego, no tenía la serie original, que era bastante naif. Ya sé que los tiempos mandan, pero los guionistas tendrían que hacer cursillos sobre el cine de los años 50 y 60, para ver como se puede sugerir la sexualidad de una forma mucho más sutil y efectiva.
Sin embargo, no se puede negar que tiene gracia, y sobretodo, es de esas películas que te hacen salir del cine con un toque de optimismo que se agradece mucho. Te hace sentir que todo el mundo puede ser un héroe a su manera desde su pequeño papel en la historia, y que no se debe rechazar a la gente por ideas preconcebidas. La verdad es que ha sido una agradable sorpresa volver a ver una película así.
El meme de Pikifiore
Cinco normas que definan mi estilo personal: ropa, calzado, complementos, peinados y maquillaje.
La verdad que mi estilo se resume en dos líneas, así que os contaré algo sobre mi aspecto en general. Mido 1,65, pero 62 kilos y uso una talla 42. Tengo los ojos verdes y se puede decir que soy rubia natural. De pequeña era casi albina, luego se me oscureció el pelo y ahora se me está aclarando otra vez, aunque llevo mechas para darle más brillo.
En invierno, como estoy mucho en la calle y soy friolera, voy siempre con pantalones y jersey. En verano, también con pantalones y camisetas o falda larga, para tapar las varices. Los zapatos cómodos. Sin tacón, no los aguanto, pero no llevo más de tres o cuatro centímetros. En verano uso zapatillas de tela o sandalias.
El bolso. Tengo varios, pero la verdad es que utilizo siempre el mismo. Uno de polipiel con montones de bolsillos y cremalleras, para encontrar todo rápidamente. Me gusta tener un sitio para cada cosa.
El pelo. Lo tuve largo hasta los veinte años, moldeado hasta los treinta y ahora lo llevo corto. Tengo poco pelo. No me maquillo. Cuando trabajaba, sí me gustaba jugar con las sombras de ojos, pero ahora apenas me pongo carmín de vez en cuando. La verdad es que sí debería arreglarme más, pero siempre voy con prisa.
Ahora tengo un estilo más clásico, pero sobre los veinte años me gustaba llevar ropa que tuviera un toque original, que se saliera un poco de la norma y de la moda. También utilizaba colores fuertes, que le van bien a mi piel, y combinaciones un poco llamativas, de rojo con rosa, por ejemplo. Me gustaba tener un estilo personal propio, pero ya no me veo bien así. Sin embargo, tampoco me veo con un look de oficina, así que me visto más informal y sobretodo cómoda.
2600 ahogados al año
Hubo un tiempo, allá por la prehistoria... no, hace unos treinta años, en que después de comer uno tenía que esperar al menos dos horas, con suerte, si no eran tres, antes de meterse al agua. Aquello era horroroso. Así que practicábamos la sana costumbre de marcharnos a casa, comer bien y de paso dormir la siesta antes de volver a la playa.
Hubo un tiempo, por la misma época, en que la playa de La Lanzada en Pontevedra tenía bandera roja permanente, es decir, que estaba prohibido el baño y la Guardia Civil se aseguraba de que se cumpliera la normativa. Aún así, todos los años se ahogaba algún incauto.
Ahora la gente pasa el día entero en la playa, comen allí y se bañan antes, durante y después y no les importan las indicaciones de los socorristas, si es que los hay.
Yo misma he visto cómo sacaban a un ahogado de una playa asturiana, y era un hombre joven y fuerte, de los que se creen que pueden con todo. Cuando era pequeña más de una vez la marea me alejó de la playa y puedo atestiguar que no es nada fácil conseguir volver. El mar Atlántico, y el Cantábrico tampoco son el Mediterráneo.
Pero no hace falta ir al mar. Muchos se ahogan en las piscinas. Especialmente niños pequeños. En la que tenía el apartamento de verano, no había socorrista y muchos niños pequeños se bañaban sin vigilancia. Cuando acaba la temporada, a menudo las piscinas se quedan sin protección al alcance de cualquiera.
2600 muertos al año no son ninguna tontería y sobretodo por puro descuido. La digestión no es un mito. Es verdad que, por mucho cuidado que se ponga, es posible sufrir un mareo si te metes al agua antes de tiempo, y entonces realmente ya no importa si cubre o sabes nadar. Y sobretodo, el mar es una cosa muy seria. En la naturaleza una persona no cuenta más que un grano de arena en la playa. Estamos a su merced, por mucho móvil de última generación que tengamos.
La teoría del columpio

He traído quince post escritos en papel de mis vacaciones. Yo, que quería olvidarme del blog, no he podido desconectar mentalmente. Así que éste es uno de los que he traído.
En varios sitios de la playa, han colocado unos columpios de diseño indicados para niños de 7 a 14 años. El artefacto en cuestión recuerda un poco a las barras de paralelas de los gimnasios, con un par de asientos a gran altura, una especie de rampa que se inclina para ambos lados y unas argollas imposibles de alcanzar por un adulto. Sin duda, es un columpio que favorece la imaginación, porque todo el mundo se queda mirándolo asombrado intentando descubrir exactamente para qué sirve. Debería venir con instrucciones de uso.
Por un lado tiene una especie de vela con muescas para trepar dignas de un escalador profesional. Por otro tiene un agarrador para balancearse, pero la base apenas se mueve. Así que hemos pensado que el ayuntamiento debería organizar un concurso de ideas entre los niños para que decidan exactamente el uso del invento, y así estarán incentivando sin duda su creatividad, y, si no lo descubren ellos, no lo hará nadie.
Pero, yo ya he sacado mis propias conclusiones. Ese columpio, sin duda, ha sido diseñado por un traumatólogo con el fin de producir todo el tipo de luxaciones y esguinces posibles, incluído el más difícil de conseguir de forma natural: el de cadera. En el hospital comarcal deben tener muchos médicos en prácticas y pocos pacientes con esas dolencias en particular. Así que decidieron crear una máquina para que los niños forzaran la anatomía en posturas imposibles, y los padres también tuvieran que descoyuntarse para salvarlos de tan difícil situación.
También podría ser que un diseñador famoso fuera amigo personal del alcalde, o que alguien llevara comisión por colocar esos artilugios, pero no quiero ser tan mal pensada. Yo creo que los han puesto por el bien de todos, para que los niños de hoy sean los atletas de mañana, y empiecen a practicar con las lesiones correspondientes. Nada que ver con los aburridos columpios de antes donde los niños se divertían sin correr ningún riesgo.
Yo me quedo en Madrid
Lo mejor de viajar es, sin duda, volver a casa. Es curioso cómo el viaje de ida siempre se me hace más largo que el de vuelta, incluso cuando éste suele durar más a causa del atasco de entrada en la ciudad. Sin embargo, según empiezo a reconocer los alrededores de Madrid, parece que mi mente se relaja, mi respiración se acompasa, y ya no me importa el tiempo que tarde. Estoy en casa. Supongo que a todos les sucede lo mismo con el lugar donde han pasado su infancia. La tierra que guarda sus recuerdos y donde están enterrados sus antepasados, siempre será el sitio donde mejor estás. Luego, puedes viajar o vivir incluso largas temporadas en otro lugar y sentirte muy a gusto sin duda lejos de allí, pero el olor, la luz, la comida, el agua, no serán nunca los mismos.
Por eso, siempre insisto en que lo ideal para un inmigrante siempre sería en cualquier caso no tener que emigrar, aunque puestos a hacerlo, Madrid también es un buen destino. Una ciudad donde la mayor parte de la población es de otras provincias, donde se da por supuesto que eres de pueblo, si no dices lo contrario. De hecho, madrileños de varias generaciones, somos muy pocos. Aquí nadie es extranjero. Estamos habituados a todos los acentos y, desde hace poco, a todos los colores. Sin embargo, algunas zonas de la ciudad todavía conserva el encanto de una capital de provincia, especialmente en verano, cuando se van todos los sedientos de mar. Madrid no tendrá playa, pero tiene barrios y pueblos para todos los gustos, pantanos y montañas, naturaleza y modernidad, para quien lo quiera encontrar.
Aquí naturalmente está todo lo bueno y lo malo de España, todos los vicios y todas las virtudes. Yo estoy orgullosa de ser madrileña, y, como dijo Joaquín Sabina:
"aunque muera el verano y tenga prisa el invierno, yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid". Me encanta esa canción.
La maldición de la belleza y el dinero

Mi hijo mayor es muy guapo, pero está lleno de espinillas. Mis hijas también son monas, pero, por suerte, parece que no han heredado la talla cien de pecho de su abuela. La belleza física puede abrir muchas puertas, pero trae tantos problemas que creo que a la larga no compensa. Una persona atractiva no sabe si sus amigos están con ella porque la aprecian o por lucirse a su lado. Además está preocupada por el paso del tiempo y dedica mucho esfuerzo a intentar seguir siendo bella. Su belleza también les obliga a ir siempre bien vestidos y arreglados para destacar. A cambio tienen mayor vida social y mejores oportunidades de trabajo, pero todo ello les aleja de sus seres queridos. Mientras, una persona normal no tiene que cuidar tanto su aspecto y está segura de que sus amigos le aprecian por sí misma. Pero, sobretodo, puede tomarse la vida con más calma al no ser admirada y solicitada todo el tiempo, incluso por gente que no conoce.
Con el dinero sucede algo parecido: una persona con dinero resulta atractiva, incluso aunque no lo sea en absoluto. Así que disfruta de las mismas ventajas y sufre los mismos inconvenientes que los guapos. He visto ambos casos y puedo asegurar que la belleza y el dinero a veces son una maldición, más aún cuando se unen ambos factores. Familia con dinero viene a ser sinónimo de familia desunida, de hermanos que dejan de hablarse a causa de intereses o herencias. También es un motivo muy común de divorcio. Además, unos padres con demasiados compromisos sociales, lógicamente descuidan a sus hijos al dejarlos con cuidadores. Por otra parte, unos jóvenes con demasiado éxito personal gratuito, sin ningún mérito por su parte, es fácil que abandonen sus estudios o trabajos. Su vida está llena de tentaciones. Así que realmente me preocuparía que mis hijos fueran demasiado atractivos. Prefiero que sean gente normal y sencilla. En cuanto al dinero, no creo que tengamos ese problema. Alguna ventaja tenía que tener no ser rico...
Yo misma
Ya que no os ha gustado el último post, lo borraré el lunes. Pero mientras os dejo algo para que intentéis entender mis sentimientos. Es un test de personalidad que he encontrado en la página de hombres y mujeres. Se llama el eneagrama y podéis hacerlo también si queréis. Según esto existen nueve tipos de personalidad y después de contestar las preguntas resulta que yo tengo resultados altos en casi todas las categorías excepto el triunfador y el entusiasta, evidentemente. Destaco en el eneatipo 6, 5, 4 y 2.
El leal
Promedio. Los tipo Seis promedio empiezan a invertir su tiempo y energía en lo que ellos creen que les proporcionará seguridad y estabilidad. Son ambivalentes y reaccionan contra la autoridad a través de conductas pasivo-agresivas que mandan señales contradictorias y confusas. La ambivalencia hace que los tipo Seis vacilen y reaccionen de manera imprevisible. Actúan con evasión, indecisión y cautela respecto a todo. A medida que aumentan las tensiones, se vuelven gruñones, negativos y tienden a mandar señales contradictorias. Para superar las dudas y las angustias, se tornan sarcásticos y reaccionarios; adoptan una actitud recia y rebelde para compensar sus crecientes inseguridades. Se vuelven beligerantes y reaccionan con agresión a las aparentes amenazas a su seguridad. Pueden ser muy parciales y defienden a grupos excluyentes. Se vuelven ruines e intolerantes, convirtiendo a los demás en chivos expiatorios y atacando a cualquiera que parezca amenazarlos como una forma de acallar sus temores e inseguridades.
El investigador
Promedio. Los tipo Cinco promedio se especializan, se tornan analíticos, examinan todo el tiempo las cosas en forma intelectual. Se involucran en investigaciones y estudios académicos; reúnen datos empíricos y elaboran teorías. A medida que especulan sobre ideas muy complejas y abstractas, se desapegan cada vez más y se preocupan por las interpretaciones antes que por los hechos reales. Están interesados en temas poco convencionales y esotéricos, incluso en cosas que pueden parecer obscuras y subterráneas. Se convierten en "mentes incorpóreas" aunque muy tensos y con una aguda agresividad como una defensa contra el hecho de verse emocionalmente involucrados. Toman posturas antagonistas hacia cualquier cosa que pudiera interferir con su mundo interior o con su visión personal de la cosas. Son provocadores y abrasivos. Tienen puntos de vista con la intención de ser radicales y exagerados. Son cínicos y sujetos a controversia.
El individualista
Promedio. Los tipo Cuatro promedio dan una orientación artística, estética y romántica a la vida revelando sentimientos personales a través de algo hermoso. Intensifican la realidad mediante la fantasía, la imaginación y los sentimientos apasionados. Para estar en contacto con los sentimientos, interiorizan todo y toman todo de manera personal; sin embargo, se vuelven hipersensibles, introvertidos, tímidos, ensimismados y malhumorados, incapaces de ser espontáneos o de "salirse de sí mismos." Se mantienen al margen para proteger su autoimagen y para "ganar tiempo" para así poder ordenar sus sentimientos. Poco a poco empiezan a sentir que son diferentes a los demás y sienten que no pueden ser felices como todas las demás personas. La autocompasión y la envidia los conduce a distintas clases de autoindulgencia, a convertirse en seres decadentes y a revolcarse en un mundo de sueños, ilusiones y expectativas poco realistas. Asimismo, se vuelven poco prácticos, improductivos, ineficaces y muestran actitudes rebuscadas.
El ayudador
Promedio. Los tipo Dos promedio desean estar cerca de los demás para poder complacerlos y de tal manera se vuelven muy amistosos, capaces de demostrar sus emociones, efusivos y llenos de "buenas intenciones" respecto a todo. El "amor" es su valor supremo y hablan todo el tiempo de él. Llegan a ser excesivamente íntimos, demasiado solícitos e intrusos: necesitan ser necesitados por lo que interfieren demasiado en la vida de los demás con el pretexto de ser un "amigo cariñoso." Desean que las personas dependan de ellos; cuando dan algo, esperan siempre algo a cambio y con frecuencia mandan dobles mensajes. Cada vez más engreídos y presumidos, se sienten indispensables (mientras sobrestiman lo que hacen por todo el mundo) y sienten que todos los demás les deben por lo que han recibido. Navegan por el mundo con aires de superioridad y se tornan arrogantes y despóticos. Los tipo Dos promedio esperan que todo el tiempo se les agradezca y se les honre por su bondad. Pueden convertirse en hipocondríacos o desempeñar el papel de mártires debido a sus buenas obras a favor de los demás.
Como veis a todos los pone verdes... No es que me fíe mucho de estas cosas, pero lo que sí que es verdad es que no me puedo clasificar en un sólo eneatipo, porque soy bastante contradictoria.
El perrito feroz

Gracias por respetar todo lo que escribo, pero tengo que borrar el otro post, más que nada porque en este blog entran mis hijos de vez en cuando, y no quiero que lo malinterpreten como que me arrepiento de algo. Besos a todos. Os dejo un post del verano.
Debajo del apartamento de vacaciones hay una casita baja adosada con un patio de 4x4 metros. En este patio pasa todo el día solo un perro husky siberiano porque no le dejan entrar en la casa y tampoco salen a estar con él. Es curioso, porque cerca de mi casa en la ciudad también hay un chalet con una entrada estrecha y un perro husky siberiano que pasa todo el día solo. Por las noches, el perro de la playa lloriquea y aulla como un lobo, así que nos despierta de vez en cuando. Pero lo malo es que nos da lástima oirlo.
Si cualquier animal necesita compañía, más los perros, que son animales de manada y, para ellos, es antinatural estar solos. Si además se trata de un perro grande, se añade que necesita más espacio y más ejercicio físico para conservar su salud. Así que tener un perro grande encerrado todo el día y privado de compañía se puede considerar maltrato animal, aunque ya sé que hay cosas mucho peores por desgracia.
Yo comprendo que los cachorros en las tiendas de animales son preciosos, pero nadie debería comprar un animal si no tiene tiempo ni ganas de cuidarlo. No se trata sólo de darle de comer. Tiene que llevar una vida saludable y digna. No es necesario tener animales en casa. Yo lo estoy deseando y, sin embargo, no tengo ninguno porque soy consciente de que traen muchos problemas y gastos. Pero sobretodo sé que necesitan atención y cariño. No son como un libro que se puede guardar en un armario para que no estorbe. No me explico cómo puede haber gente capaz de ignorarlos así o incluso abandonarlos.
En el peor de los casos, es mejor regalar el perro o incluso entregarlo a una sociedad protectora donde, si no hay más remedio, lo van a sacrificar sin sufrimiento alguno. Cuando un perro es feliz, se le nota en la mirada y en la actitud. Una relación afectuosa con nuestras mascotas, no solamente mejora la vida del animal, sino que también nos aporta mucho a nosotros como personas, porque no existe un amor más incondicional.
Un día más
Que piense que tengo un papel secundario en la historia, no quiere decir que no sea feliz. Esto es una muestra. Cerré los ojos y la brisa acariciaba mi cara dulcemente. El cojín se adaptaba a mi columna vertebral y mi cabeza descansaba sobre el borde del sofá. Mi marido dormitaba a mi lado, mientras los niños jugaban juntos amigablemente. Se oía el canto de los pájaros y el sonido de las hojas de los árboles agitadas por el suave viento. Abrí los ojos. A lo lejos unos niños pequeños jugaban a las comidas en un banco de arena. Una ardilla cruzaba la hierba corriendo hacia un árbol. Los insectos pululaban alrededor buscando alimento.
Mediados de agosto, un parque. Entonces me vino la misma estampa diez años atrás. Entonces eran mis hijos los que jugaban en la arena y en los columpios, y nosotros descansábamos con un ojo abierto por no perderlos de vista. El mismo sol, el mismo cielo, el mismo aire fresco y limpio, la misma tranquilidad cuando la mayoría de los madrileños abandonan la ciudad en busca de paraísos saturados de turistas. Madrid es el paraíso en otoño en primavera, tal vez para compensar el frío y el calor que pasamos el resto del año. Por eso estos días no tienen precio.
¿Quién necesita más que esto? Volver a los mismos lugares, comprobar que todo sigue en su sitio, enlazar los recuerdos, el pasado, el presente y el futuro. Pensar que la tierra seguirá allí cuando ya no la pisemos, que otros seguirán nuestras huellas. Eso es la felicidad. Estar unidos. No dejar que las circunstancias de la vida nos alejen unos de otros o vayan levantando barreras que, con el tiempo se vuelven infranqueables. Mantener la comunicación abierta. Sonreir. Disfrutar de los detalles. Apreciar incluso lo que tenemos ya muy visto. No escamotear las caricias ni las palabras de cariño. Eso es lo que hace que la vida merezca la pena, lo que se recuerda cuando cambian las circunstancias. No dejar que los bienes materiales se interpongan en nuestros objetivos vitales.
Olvidar la tecnología. Respirar a pleno pulmón. Aprender de nuevo a escuchar los sonidos que ya no apreciamos. Distinguir los matices de color que hemos olvidado. Sentir. No hace falta irse al Tibet para eso ni pagar un entrenador personal. Basta con regresar a los orígenes, mirar en nuestro interior y reconocernos. Volvernos a los demás y darles la bienvenida. Todo esto lo veo reflejado en una canción de El Canto del Loco que me gusta mucho. Supongo que la conocéis.
Parece que esta de moda ir de tontito
Aparentar ser la persona que siempre tu habias querido
¿Por qué no te quieres aunque sea solo un poquito?
¿Por qué no eres tu mismo y no algo parecido?
Usando menos el coco y un poquito mas la piel
Ya que somos lo que somos y si no lo quieres ver
Eres tonto!
Si no te gustas es que no estás vivo
Eres tonto!
Pero eso es algo que nació contigo
Y mañana al despertar, saltar de la cama
Luchar tu mañana, mirar a la cara
Que no eres nada
Eres tonto!
Salir a la calle sin la tonteria
Sacando de dentro entera tu vida
Entera tu vida
Amaral y Operación Triunfo

No me he confundido. Por suerte, Amaral no participó nunca en ese programa. Cada vez que escucho su nuevo disco, que me encanta, me alegro muchísimo de pensar que no estuvo allí.
((ahora mismo mi hija, que lo está leyendo este post, me dice:
-Mamá, con esto te vas a crear muchos enemigos en el blog; hay mucha gente a la que le gusta OT...))
Sigo...
Si Amaral hubiera pedido plaza en OT, seguramente no la hubieran seleccionado. Me imagino que le dirían que su voz es demasiado potente y que no sabe bailar. Pero es precisamente eso lo que la hace diferente e irrepetible. Me encanta verla moverse por un escenario con ese estilo tan particular suyo, tan inimitable. Además tiene el mérito importante de que es autora, junto a su acompañante, de la letra y de la música de las canciones. Eso es lo que diferencia a un cantante de un simple intérprete; diferencia a alguien que tiene valor por si mismo, de un producto de marketting más o menos dorado. Por suerte Amaral, como Alaska o Shakira, no asistió a clases de interpretación. No tuvo que soportar que "expertos" la juzgaran, con más o menos crueldad.
El estilo de Amaral permaneció a salvo para ofrecernos unas horas más de placer auditivo. Me gustan algunas canciones de Bisbal o Bustamante, pero si las quiero oir, las descargo. En cambio, el disco de Amaral lo he comprado; creo que es lo menos que puedo hacer por alguien como ella, por alguien que se mantiene fiel a sus raíces y que destaca por sus propios méritos y no por algo que haya hecho otra persona. Me gustaría que los chicos de OT también hubieran llegado a la cima de esa manera. Así estaría segura de que todos están en el lugar que les corresponde. La música para mí es algo inseparable del compositor y el intérprete, no un producto de supermercado que cualquiera puede convertir en un éxito. La música de Amaral representa para mí una parte de su persona.
















