El difícil camino de la educación
Mi hijo ha aprobado la Eso. Esta vez ha estado cerca de tener algo en verano. Yo me he aprendido la nueva sintaxis, y me marido ha repasado integrales y química. Así que se puede decir que es un aprobado general. 
Me da envidia la gente que le da todo igual. Por ejemplo, los hombres que no leen más que el Marca y las mujeres que no pasan del Hola. Debe ser estupendo tener hijos, darles dinero y despreocuparse de con quién van y qué hacen. En algunos casos sale bien y no se meten en problemas. En donde yo vivo hay un porcentaje importante de esos chicos y chicas adolescentes que hacen vida de adultos. Sus padres se dedican a salir como cuando eran solteros, se van de viaje sin ellos, vuelven a casa a las ocho del trabajo, y todo lo más pagan a una persona para que los acompañe.
Algunos utilizan a los abuelos, los cuales a veces desean cuidar a sus nietos y otras veces no están en condiciones, pero lo hacen igual. Las parejas no renuncian a tener hijos, pero no les dedican su tiempo. Por la tarde, los apuntan a mil actividades para que no estén solos. No van a ningún sitio en familia, como no sea el parque de atracciones. Viven en la misma casa como si fuera un hotel: cada uno por su lado. Tienen televisión en su cuarto y a veces ordenador. Se pasan las horas en el messenger y se gastan mucho dinero en el móvil.
Si tienen suerte, estudian y aprueban la Eso. Algunos no aprenden mucho más que a beber y fumar y biología práctica. En otras zonas de Madrid pasa más o menos lo mismo, pero tienen excusa. Quiero decir que el hijo de un panadero, pongamos por caso, no tiene ayuda en los últimos cursos si le quedan dudas en algunas asignaturas. Aún así, muchos llegan a la universidad. Los padres de estos chicos en su mayoría son licenciados ambos y, si no les ayudan con los deberes, es simplemente porque no les apetece o no están en casa. Además un porcentaje alto son separados, y eso complica aún más las cosas.
El día de mañana, no sé cómo van a explicar estos abogados, ingenieros o médicos, por qué sus hijos trabajan de reponedores en el supermercado. Tal vez esperan que les acaben dando el título en el instituto por puro cansancio, o piensan colocarlos por enchufe en su oficina. Mientras, el número de fracasos escolares aumenta, y pasan su tiempo disfrutando de tecnologías y lujos que el día de mañana no podrán permitirse con su sueldo de personal no cualificado.
















