Chicos de treinta
A través de vuestros blogs me he dado cuenta de una situación que no conocía, la de los hombres jóvenes que rondan los treinta años. No digo que sea el caso de todos, pero sí de bastantes. Realmente me parece mucha casualidad que haya tantas crisis de pareja debido a que los chicos no quieren ninguna clase de compromisos.
Creo que la causa es que la situación social ha cambiado demasiado rápido. Hace veinte años, a los niños varones se les educaba todavía en la idea de que las tareas de la casa eran cosa de mujeres. Crecieron pensando que tendrían una vida como la de su padre, basada en el trabajo profesional. Pensaban que su obligación se limitaría a conseguir dinero y luego podrían desentenderse de lo demás. Así ha sido durante décadas.
Pero les pilló el cambio de siglo y de mentalidad. Ahora un chico joven que vive con su familia, sabe que tiene la comida lista, la casa limpia y la ropa planchada. También sabe que si se independiza tendrá que arreglarselas solo. Pero sabe especialmente que si decide irse a vivir con una chica se le acaban todas sus prerrogativas. Sin embargo, estando cada uno en su casa disfruta de las ventajas sin los inconvenientes.
Hoy en día, lo normal es que los dos trabajen. Eso significa que incluso puede ser que ella salga más tarde del trabajo, a veces tiene que viajar y puede ganar más dinero que él. Así que las obligaciones familiares ahora son de los dos por igual. Un joven, que no ha sido preparado para ello, se encuentra con que tiene que cocinar y limpiar, hacer la compra y, si tienen niños, ocuparse de ellos tan bien como lo haría una mujer, porque es lo que la sociedad le está exigiendo.
Así que queda la salida más fácil: no comprometerse. Estamos, en el mundo desarrollado, rodeados de eternos adolescentes, chicos y chicas, con complejo de Peter Pan, que no quieren independizarse. En el caso de ellos, con más razón, porque si algo sale mal tienen las de perder ante la sociedad y ante la ley. Yo misma, antes pensaba que quería ver a mi chico algún día casado y con hijos, pero tal como están las cosas, empiezo a pensar, como él mismo, que es mejor que no se complique la vida.
















