Justificaciones

La del dibujo soy yo pintada por mi hija pequeña, que se le da muy bien. También he conseguido meter una foto con nubes, con ayuda de mi marido. Espero que os guste.
Gracias a la moderna psicología, resulta que ahora cualquiera que haya tenido problemas en su vida puede echarle la culpa a otros. Quiero decir que es fácil dar ese argumento de: mis padres no me comprendían, mis profesores no despertaron mi interés, mis amigos me traicionaron... Pero la mayoría de las veces no es verdad, o al menos no justifica nuestros fracasos.
El otro día Alba me dijo que yo tenía fuerza y disciplina. Puede que ahora sí la tenga, pero no desde luego hace veinte años. Si yo no seguí estudiando, no puedo sacar la excusa de que mis padres no me animaron. La verdad es que tuve todo a mi favor y no supe aprovecharlo. Siempre ha sido un poco vaga.
Lo que sí tenía siempre muy claro es lo que no quería. Nunca fui una persona superficial o hipócrita. Siempre supe decir que no, a pesar de que me movía por toda clase de ambientes. Pero tampoco creo que lo mío tenga tanto mérito, porque hay gente que, habiendo vivido en condiciones muy desfavorables, sin embargo, han conseguido salir adelante perfectamente.
Por ejemplo, mi amiga María. No sé si os he hablado ya de ella. María es huérfana de padre y madre, tiene un hermano retrasado y un marido casi ciego. Vivía en un barrio popular con un primo drogadicto que la maltrataba. Además está muy mal de salud. A causa de una obesidad mórbida, complicada con varices profundas y otras cosas, ha pasado por el quirófano trece veces ya.
Sin embargo, mi amiga no es la clásica persona amargada, que envidia a los demás y por tanto intenta perjudicarlos. Al contrario, es la persona más amable que te puedas encontrar. Incluso demasiado, porque siempre está ayudando a otros, descuidando incluso su salud. Además María tiene verdadero talento para escribir. A ver si la convenzo un día de que escriba su propio blog.
Total, que también les digo a mis hijos que buscar excusas y justificaciones es muy fácil, lo difícil es ser consecuente y responsabilizarte de tus propios actos. No podemos dejar que la psicología nos sirva de excusa para no poner nada de nuestra parte.
















