Música universal

Ya voy estando mejor. Gracias por vuestros buenos deseos.
Este verano escribí un post que no llegué a publicar. Trataba sobre los quince días que pasé junto al mar en un apartamento alquilado. Al cabo de una semana, descubrimos que había un grupo de música que tocaba en el paseo marítimo casi todas las noches. Se llamaba Equinoccio. Eran de Ecuador y hacían una mezcla entre música tradicional y sonidos electrónicos con guitarras y bajo, una fusión entre pasado y futuro, norte y sur. Nos aficionamos a ellos y acabamos bajando todas las noches a escucharlos y sentimos tener que marcharnos y no poder verlos más, no sólo por su talento, sino por la alegría y entusiasmo con que interpretaban su música, lo mismo para veinte personas que para cincuenta.
Una noche, estábamos intentando grabar la actuación con el móvil, cuando llegó una chica marroquí muy joven, no tendría más de dieciocho años, toda vestida de blanco y con un bebé de pocos días. Se sentó con nosotros y nos extrañó mucho que anduviera sola de noche, aunque conocía a algunos hombres que estaban por allí. Al cabo de un rato se levantó y, de repente, se desmayó y cayó al suelo, con lo que cual hubo que parar la actuación. No fue nada importante, pero me quedé pensando cuál sería su situación y cómo se sentiría viviendo entre gente tan diferente a su cultura. Todo el mundo se preocupó por ella sinceramente.
Cuando veía a los vendedores negros, no podía evitar pensar en la travesía en patera que los había traído hasta allí para poder tener una vida más o menos digna. Todo ello me hizo sentir una vez más ese sentido de hermandad del que hablaba el otro día: que aquellos chicos no eran sino españoles del otro lado del Atlántico, y nosotros mismos somos moros de este lado del Estrecho, unidos por una historia, una cultura común y sobretodo por el simple hecho de ser humanos, más allá de nuestros diferentes acentos y costumbres. En cierto modo, todos estábamos allí unidos en torno a la música. Las canciones que interpretaba el grupo, las cuales yo no conocía, son ahora de mis favoritas, especialmente Lamento boliviano. Os recomiendo que la busquéis en Internet.
















