Cuando todo no es suficiente

Hablar en teoría es fácil, pero luego viene la realidad a imponer su dominio. Todos quisiéramos tener una relación ideal con nuestros padres y nuestros hermanos. La vida te va separando sin darte cuenta y en algunos casos, ya no hay manera de cruzar el abismo que se ha abierto entre nosotros.

Con algunos amigos pasa igual. En un momento dado, en unas circunstancias parece que son parte fundamental de tu vida. Pero luego ya no vives en el mismo sitio, no coincidís nunca y el tiempo va pasando sin saber ya más de ellos.

El trabajo. Empiezas lleno de ilusiones pensando que te vas a comer el mundo, pero el mundo siempre te acaba comiendo a tí. El trabajo ideal no existe, los horarios son interminables, los compañeros son personas que no has elegido con las que tienes que compartir buena parte de tu tiempo y a veces no compensa.

Creas una familia, tienes hijos. Te prometes a tí mismo que no vas a cometer los mismos errores que de joven, que no vas a perder los nervios, que tendrás una sonrisa para cada momento. Pero no dejan de ser personas diferentes conviviendo en la misma casa, con sus propios intereses, sus gustos y sus fobias, y sus propias relaciones aparte de tí.

Y llega el momento en que tienes que aceptar que el mundo es imperfecto, que nunca serás la hija que esperaban tus padres, la mujer ideal, la madre perfecta, la mejor amiga, ni mucho menos una buena profesional. Y no te queda más que cruzar los dedos y esperar que los demás no se den cuenta y decidan también poner tierra por medio. Porque este pequeño mundo es todo lo que tienes y ya no te quedan fuerzas para volver a empezar.

16/06/2008 11:06. Escrito por: sigoacontracorriente. #.

Comentarios > Ir a formulario