2600 ahogados al año
Hubo un tiempo, allá por la prehistoria... no, hace unos treinta años, en que después de comer uno tenía que esperar al menos dos horas, con suerte, si no eran tres, antes de meterse al agua. Aquello era horroroso. Así que practicábamos la sana costumbre de marcharnos a casa, comer bien y de paso dormir la siesta antes de volver a la playa.
Hubo un tiempo, por la misma época, en que la playa de La Lanzada en Pontevedra tenía bandera roja permanente, es decir, que estaba prohibido el baño y la Guardia Civil se aseguraba de que se cumpliera la normativa. Aún así, todos los años se ahogaba algún incauto.
Ahora la gente pasa el día entero en la playa, comen allí y se bañan antes, durante y después y no les importan las indicaciones de los socorristas, si es que los hay.
Yo misma he visto cómo sacaban a un ahogado de una playa asturiana, y era un hombre joven y fuerte, de los que se creen que pueden con todo. Cuando era pequeña más de una vez la marea me alejó de la playa y puedo atestiguar que no es nada fácil conseguir volver. El mar Atlántico, y el Cantábrico tampoco son el Mediterráneo.
Pero no hace falta ir al mar. Muchos se ahogan en las piscinas. Especialmente niños pequeños. En la que tenía el apartamento de verano, no había socorrista y muchos niños pequeños se bañaban sin vigilancia. Cuando acaba la temporada, a menudo las piscinas se quedan sin protección al alcance de cualquiera.
2600 muertos al año no son ninguna tontería y sobretodo por puro descuido. La digestión no es un mito. Es verdad que, por mucho cuidado que se ponga, es posible sufrir un mareo si te metes al agua antes de tiempo, y entonces realmente ya no importa si cubre o sabes nadar. Y sobretodo, el mar es una cosa muy seria. En la naturaleza una persona no cuenta más que un grano de arena en la playa. Estamos a su merced, por mucho móvil de última generación que tengamos.
















